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Mi práctica parte de un diálogo con las materias, especialmente aquellas que la sociedad hegemónica descarta: restos, pigmentos y fragmentos que conservan memorias. A través de tintas naturales y procedimientos de impresión y contacto, busco activar memorias latentes y traerlas al presente mediante nuevas formas. La reescritura material —sobre soportes textiles, restos vegetales y huellas orgánicas— se vuelve una forma de resistencia e imaginación.
Mi metodología parte de la deriva como práctica de atención, percepción y encuentro. El espacio público —veredas, plazas y parques— constituye un campo donde las relaciones entre materias y contextos forman parte del proceso artístico.
Esta forma de trabajo tiene antecedentes en ID Impresiones Digitales, un proyecto de investigación-creación desarrollado durante tres años con grupos diversos, donde exploramos la huella como forma de inscripción corporal, identidad y memoria colectiva. ID retomó el origen de la palabra digital —vinculado a los dedos— y lo puso en diálogo con tecnologías contemporáneas de reproducción y proyección.
En mi práctica reciente, el proceso artístico emerge del contacto con los materiales, donde aparecen formas y sentidos en la relación entre materias, cuerpos humanos y más-que-humanos. En las impresiones de los tocones en las veredas de Oberá, la repetición de la acción produce transformación y puede entenderse como una dimensión ritual: un pasaje donde se modifica el estado de la materia y de la subjetividad a través del contacto. Estas prácticas configuran una tecnología sensible en la que la tinta de tierra actúa como un agente de memoria, transmisión y transformación.
Actualmente, mi investigación se orienta hacia prácticas situadas entre arte, ecología y cosmografía terrestre, explorando relaciones entre cuerpo, tierra y cielo, así como formas de percepción que amplíen nuestros modos de vincularnos con el entorno.
La tierra me trabaja y yo trabajo con la tierra.
Mi práctica parte de un diálogo con las materias, especialmente aquellas que la sociedad hegemónica descarta: restos, pigmentos y fragmentos que conservan memorias. A través de tintas naturales y procedimientos de impresión y contacto, busco activar memorias latentes y traerlas al presente mediante nuevas formas. La reescritura material —sobre soportes textiles, restos vegetales y huellas orgánicas— se vuelve una forma de resistencia e imaginación.
Mi metodología parte de la deriva como práctica de atención, percepción y encuentro. El espacio público —veredas, plazas y parques— constituye un campo donde las relaciones entre materias y contextos forman parte del proceso artístico.
Esta forma de trabajo tiene antecedentes en ID Impresiones Digitales, un proyecto de investigación-creación desarrollado durante tres años con grupos diversos, donde exploramos la huella como forma de inscripción corporal, identidad y memoria colectiva. ID retomó el origen de la palabra digital —vinculado a los dedos— y lo puso en diálogo con tecnologías contemporáneas de reproducción y proyección.
En mi práctica reciente, el proceso artístico emerge del contacto con los materiales, donde aparecen formas y sentidos en la relación entre materias, cuerpos humanos y más-que-humanos. En las impresiones de los tocones en las veredas de Oberá, la repetición de la acción produce transformación y puede entenderse como una dimensión ritual: un pasaje donde se modifica el estado de la materia y de la subjetividad a través del contacto. Estas prácticas configuran una tecnología sensible en la que la tinta de tierra actúa como un agente de memoria, transmisión y transformación.
Actualmente, mi investigación se orienta hacia prácticas situadas entre arte, ecología y cosmografía terrestre, explorando relaciones entre cuerpo, tierra y cielo, así como formas de percepción que amplíen nuestros modos de vincularnos con el entorno.